La vida nace del semen que fecunda. El impulso a procrear, a dirigir el semen hacia su meta, es desde el reino vegetal al animal, un instinto indoblegable, que férreamente supera todo tipo de dificultades y de obstáculos. Plutón representa este semen y la fuerza que lo guía. Si Marte simboliza el miembro viril, Plutón simboliza los testículos, receptáculo del semen, reserva de posibilidades fecundadoras de la naturaleza y del individuo.

Es Plutón quien confirma definitivamente la validez constructiva de las obras humanas independientemente del éxito o del dinamismo personal propuestos por Júpiter o por Urano.

Como todos los planetas lentos, Plutón opera en un nivel profundo poco evidente, regulando aquellas fuerzas secretas, ya antiquísimas, que empujan a la criatura viviente a insertarse en la existencia mediante un acto creativo.

Neptuno representa la mutación de una forma preexistente. Plutón es un principio vital en búsqueda de una forma. Así como la fecundación frustada lleva a una dispersión del semen, de la misma manera Plutón en posición negativa puede llevar a una estéril expansión del Yo, a la búsqueda aberrante de la afirmación de uno mismo. En la experiencia interpretativa vemos a este planeta relacionado con la mentira, con el engaño o también, de manera más inocente, con la tendencia a inventar historias faltas, con la mitomanía, con el histrionismo, como si la frustración creativa buscara desahogo en vistosas manaifestaciones narcisistas.

De manera análoga, Plutón puede determinar en gran parte las desviaciones y las aberraciones sexuales que se basan en una inseguridad, en una incapacidad o en una inferioridad en este campo. Aclarando que no obstante sus relaciones simbólicas con el sexo, Plutón no tiene en absoluto el carácter animal o de animalidad primitiva que le han atribuido algunos autores.

Desde el punto de vista anatómico, Plutón corresponde a los testículos.

Pluton tiene su domicilio en Escorpion